No,
no se trata de una película de James Bond. Es el karma de mi vida. Mira que me
pasa siempre y no aprendo. Basta que diga, por activa y por pasiva, que no voy
a hacer algo, para que acabe haciéndolo de lleno.
Hace
aproximadamente un par de años, yo renegaba de la maratón al ver a mis
compañeros de entreno del Paseo de Sada (Montse, Fernando, Berto, Fede, Carlos,
Paco,...) preparar duramente las
maratones de Barcelona y Coruña. Me decía a mí misma que yo nunca sería capaz
de preparar una prueba que requería tamaño esfuerzo, haciendo series y series
bajo la lluvia y el frío....¡Quien me iba a decir que un par de años después
sería yo la que estaría haciendo ese entrenamiento!
Y
ahora os estaréis preguntando, ¿qué pasó?¿por qué decidiste dar el paso?...Pues
fue casi sin pretenderlo. Después de haber hecho varias medias, todo el mundo
me preguntaba: ¿para cuándo la primera maratón?...Yo me escabullía, diciendo
que no tenía con quien prepararla, que mis compañeros que en ese momento iban a
dar el gran paso (Jacinto, Miguel, Oscar, Félix, Luis,..) iban mucho más rápido
que yo, no podía entrenarla con ellos, y por supuesto, no lo iba a hacer sola
(segundo renuncio, porque al final acabé entrenándola en un 90% sola). Pero a
finales del verano del 2015, me encuentro a Raquel y me cuenta que ella lo va a
intentar en Noviembre del 2016, en Valencia. Yo lo medito y me digo: “Lina,
tienes un año para mentalizarte de que puedes hacerla y la puedes entrenar con
Raquel, que a lo mejor en largas distancias puedes llevar un ritmo similar al
suyo”. Ya está!!!...Ya la lié pollito!!.. Me lío la manta a la cabeza y decido
intentarlo.
Así
comenzó todo un año en el que, de la mano de María Luisa, las mejoras en el
10.000 y en la media maratón iban enfocadas a preparar la maratón. A finales de
Agosto empecé el entrenamiento propiamente dicho, casi todo el tiempo sola por
problemas de agenda para coincidir con Raquel, y todo fue muy bien hasta 3
semanas antes del día D. Como muchos maratonianos sabéis ya, apareció una
lesión. La pierna izquierda empezó a dar la lata, en el glúteo y en la lateral
de la rodilla, hasta tal punto que a la media hora de empezar a correr,
aparecían los molestias. Esta circunstancia me impide seguir con el
entrenamiento y lo peor, mina la confianza que yo tenía en mi misma.
Ya
os podéis imaginar, en esas semanas visito fisios, osteópatas y hasta un
curandero indio si lo hubiese conocido. Pero nadie da con la tecla de mi
lesión. El viernes antes de la maratón mi fisio me hace algo en la rodilla y en
el glúteo, y me pone un vendaje en la rodilla, y con eso tengo que afrontar los
42...Ufff!..No lo veo!!!...No sé si la rodilla resistirá los 42.
Pillamos
el avión el sábado. Llevo en la maleta las zapatillas y la ropa deportiva, y en
el corazón todas las muestras de ánimo y fuerza de muchos compañeros y
compañeras del club. Me acompaña mi familia (Hermi, Eva y Martín) y por
supuesto Raquel y María Luisa. También
Eduardo y Luis Pinedo, Pilar Marquiz y su hijo Sergio, Carmen Uzal, unos amigos
del Noia, y ya estaban en Valencia Fede y Félix aunque con ellos no coincidí en
ningún momento. Ese día toca viaje, recogida de dorsales, cenar tempranito
siguiendo los consejos de Natalia, la nutricionista del club, y a dormir. Por
supuesto despierto varias veces y la última con pesadilla incluida, relacionada
con la maratón. Sueño que no llego a la salida y que no puedo competir. Bueno
despierto aliviada y me levanto para desayunar y vestirme.
Salgo
a la calle tempranito (7:30) y a esa hora está llena de gente, todos en ropa
deportiva, todos en procesión dirigiéndose al lugar de la salida. Voy con la
familia Armesto hasta la Ciudad de las Ciencias y allí nos separamos. María
Luisa y Eduardo se dirigen a la salida del 10k, Raquel y Luis a la salida de su
cajón.Yo no salgo con ellos porque me inscribí en un cajón más lento y además
con toda la problemática de la rodilla, decidí rebajar mis pretensiones en
ritmo.
Me
quedo en el ropero y allí entablo conversación con una chica italiana,
Stephania, que también estaba sola. Le pregunto que tiempo quería hacer y me
dice que 3h:45’, y automáticamente le propuse el ir juntas. Nos encaminamos a
la zona de salida, la cual está toda vallada y hay que encontrar una entrada
habilitada. Por fin encontramos una, y justo allí estaba la liebre de 3h:45’.
El problema es que la liebre estaba al final del primer grupo de salida pero
iba a salir con el segundo grupo, el que salía a las 8:36. Una chica de la
organización nos lo advierte, y teníamos dos opciones, irnos al final de todo o
salir al final del grupo rápido, el que salía a las 8:30. Sin muchas dudas,
decidimos ser cola de león y allí nos fuimos, muy cómodas y sin ningún agobio,
porque éramos las últimas.
Los
dos primeros kilómetros fui sin reloj porque éste no estaba por la labor de
pillar satélites y cuando por fin lo hizo, ya llevábamos 12 minutos corriendo.
A partir de ahí fui controlando el ritmo y, por primera vez, no seguí los
consejos de mi entrenadora, que me indicó que no fuera mirando el reloj cada
km. La verdad es que yo había entrenado así y prefería hacerlo, sobre todo para
no lanzarme en esos primeros km en los que estás fresco y las piernas quieren
ir rápido.
Vamos
muy cómodas y en el km 6, oigo a Hermi y los niños. Que subidón!!.Le lanzo un
montón de besos y le explico a mi compañera que era mi familia. Ella se partía
de risa.
Los vuelvo a ver en 7, ya que el recorrido era
una avenida de ida y vuelta, y se despiden hasta el 11.
Nosotras
seguimos a lo nuestro, controlando el ritmo y disfrutando de la carrera. En los
avituallamientos, yo me encargaba de pillar la botella de agua que ambas
compartíamos. Vamos cómodas y disfrutando de todo lo que la carrera nos iba
ofreciendo: la gente que animaba, algunos disfrazados, otros con música. Los
temas de AC/DC se repitieron a lo largo de toda la maratón. En algún momento
nos cruzamos con el grupo de cabeza: todos negros y sin apenas posar los pies
en el suelo...Es un sueño el poder correr como ellos!!!
El
el km 16 nos cruzamos con María Luisa, que ya había acabado su 10k y se pegó
otra carrera para poder animarnos. Más adelante me vuelvo a cruzar con la
familia y nos intercambiamos gritos y sonrisas. En algún momento de ese tramo
también me cruzo con Sergio, el hijo de Pilar Marquiz. Lo hago dos veces, en la
primera nos pasa él y en la segunda, lo hacemos nosotras. Iba tocado de un pie
y al final me contó que acabó abandonando.
En
el km 26, tendría que ver a Hermi y a los niños, pero en ese punto había mucha
gente, y no los ví. Creo recordar que en ese punto estaba otra vez María Luisa
y Eduardo también, animándonos.
Seguimos
bien y, aunque obviamente los km se van notando, la rodilla estaba aguantando y
lo siguió haciendo hasta el 32. A partir de ahí empezó a doler y noté que cada
vez me separaba más de Stephania. Ella miraba de vez en cuando para esperarme
pero finalmente, le indiqué con un gesto que siguiese sin esperarme. A partir
de aquí empiezo a empeorar el ritmo: 5:30, 5:45, 6:00....Por mi cabeza no se
pasa la palabra “abandono”, pero había dudas y hasta el 35 fui sufriendo. En
este avituallamiento me tomé un gel y le
pedí a un chico de la organización que me rociase bien la rodilla de réflex. No
sé cuál de las dos cosas fue, o si fueron ambas, pero a partir de ahí fui
mejor. No es que el ritmo fuese para tirar cohetes pero empecé a ver más claro
que podía llegar al final. En esos últimos kms la afluencia de público era
tremenda, lo cual les agradezco una y mil veces a los valencianos, porque para
mí, esos últimos km son los más duros de la maratón, esos que dicen que corres
más con el corazón que con las piernas y doy fe de que eso es así.
Sobre
el km 37-38, veo a Raquel y eso no tenía que haber ocurrido. La veo ir lenta y
me imagino que la ciática se cebó con ella. La animo al pasar pero llevaba el
sufrimiento en la cara.
Yo
sigo y me vuelvo a encontrar a la familia en el 39, gritándome y veo en sus
caras que ellos ya lo ven hecho. Tienen mucha fe en mí y saben que llegada a
ese punto, es difícil que abandone.
Sigo,
sigo, sigo y en el 41 me vuelvo a cruzar a María Luisa. En ese momento voy
buscando con la mirada otro chico-réflex, más que nada por seguridad. Me pasan
los globos de 3h:45’ y decido seguirlos, es el aliciente final.
Cuando
ya sólo faltan aprox. 400m para la meta, mi cabeza deja de lado mi parte
matemática de cálculo de ritmos y distancias, para dejar que mi parte emocional
suelte toda la presión acumulada y rompo a llorar en plena carrera. Lo hago
porque en ese momento ya me creo al 100% que la voy a acabar y me vienen a la
cabeza todo el esfuerzo de la preparación y la carrera, la incertidumbre de las
lesiones, el apoyo de mi familia, ese reto tan grande conseguido, los ánimos de
los compañeros del club....Por fin piso la alfombra azul de esa meta soñada y
en ese momento me digo: “Lina, ahora sí, ahora pégale porque ya lo tienes”, y
me sorprendo haciendo esos últimos metros por debajo de 5´.
Ya
está, lo conseguí, me echo a andar y noto que no puedo doblar la rodilla
izquierda pero ya da igual. Busco entre la gente a Stephania para darle un beso
pero no la encontré. Pero a quienes sí siempre voy a encontrar (y que me vienen
ahora a la cabeza) son todos esos compañeros y compañeras del CAS sin cuyo
ánimo y apoyo no hubiese terminado, l@s chic@s de los grupos de entreno, las
series con Raquel,las sesiones de abdominales con Félix, las tiradas largas con
Fede (mucho ánimo Fede!), los consejos de Montse e Inés, el asesoramiento de
Natalia, la confianza de Fernando y la insistencia de Toño para que escribiese
esta cónica ... pero sobre todo los consejos, el seguimiento y la serenidad de
María Luisa.
Para
quien se esté planteando hacer su primera maratón, yo acabé diciéndome: ”No sé
si haré otra en mi vida”...pero ahora me digo:
”Hay
que intentar otra en condiciones, sin lesiones, pero esta vez en casa, en
Coruña”.
Lina Portas


