Confesiones de una raneresa.
-Yo corro
-!Ah! ¿Pero tu corres? ¿A tu edad? ¿Y eso?
-Para mantenerme en forma.
Mentira. Yo no corro para mantenerme en forma.
Yo corro, para recuperar una libertad enjaulada por las
obligaciones de la vida.
Yo corro, para rememorar el regocijo de una infancia
despreocupada y feliz.
Yo corro, para reconciliarme con un cuerpo que añora
atención y cuidado.
Yo corro, para sentir un compañerismo que creía extinguido.
Yo corro, para alegrarme de victorias que nunca son mías.
Yo corro, porque cada vez que visto unas mallas, mis labios
sonríen de satisfacción.
Yo corro, porque cada vez que me calzo unas zapatillas, me
asombro de mi valentía.
Yo corro, porque sabias maestras llenan de luz mi
camino.
Yo corro, porque quien me quiere me anima en la carrera.
Yo corro, porque comparto mi ilusión con mujeres orgullosas de su sudor.
Yo corro por mi, por mis compañeras, por las que están, por
las que se fueron, por las que quisieron y no pudieron.
Yo corro, porque cada paso que doy me aleja de una muerte en
vida.
Una raneresa.
Raneresa: Dícese de la mujer, que cumplidos los cincuenta,
corre sin complejos ni ataduras.